Repasemos: En el número 5 del ranking de las mujeres mejor vestidas estaba la Reina Letizia, el número 4 era para Jeanne Damas, el tercer puesto era para Marta Ortega , en el segundo puesto del ranking encontramos a Melania Trump y, sin sorpresas, la ganadora del T de Telva de oro a la más elegante de 2018, elegida por la redacción experta de TELVA.COM, es Meghan Markle. Algo extraordinario si tenemos en cuenta que continúa ejerciendo de princesa -primera dama oficiosa-, en pleno uso de sus facultades estéticas, Carolina Luisa Margarita Grimaldi de Mónaco.

A nivel personal, el año de la duquesa de Sussex ha sido una montaña rusa -se casó envuelta en las acusaciones paternas de abandono y según avanza el estado de gestación de su primer rapaz la plantilla de palacio encargada de la americana abandona sus puestos a la velocidad de la luz- a nivel estético, por el contrario, un paseo en barca. Su estilo lineal y definido -siempre acertado- hace verdaderamente complicado seleccionar sus cinco mejores looks pero aquí están:

Para la celebración del Día de Anzac -fecha en la que se conmemora a los soldados australianos y neozelandeses que sirvieron y murieron en todas las guerras, conflictos y misiones de paz- la por entonces prometida del príncipe Harry recurrió a una de las diseñadoras favoritas de su cuñada, la duquesa de Cambridge, la neozelandesa afincada en Londres, Emilia Wickstead. Una de las tantas modistas que practican la religión revisionista, es decir, y en palabras de la propia creadora: marcas que «dotan a las prendas clásicas de modernidad«.

El conjunto que nos ocupa está compuesto por una chaqueta torera con cuello Johnny y una falda midi (ni corta ni larga, entre la rodilla y el tobillo) de talle alto en negro a juego con el tocado boina de Philip Treacy -cría fama y échate a dormir-, los soporíferos stilettos y el clutch con laterales metálicos de Jimmy Choo. En la solapa Meghan lucía la amapola roja que utilizan británicos y canadienses para recordar a los que murieron durante la I Guerra Mundial.

Seguidores y detractores de la persona más buscada en Google en 2018 coinciden, ahí están los números, en que la ex actriz abusa de los tonos oscuros -especialmente del azabache y el azul tormenta- en sus actos oficiales. Sin embargo, para visitar la gris Irlanda del Norte, a finales del invierno pasado, Meghan eligió un look en tonos claros que recordaba mucho a los lucidos por Rachel Zane, el personaje que interpretaba en la serie Suits. Del conjunto, formado por un suéter de cachemir blanco y un maxiabrigo de solapa ancha sin botones, destaca la falda lápiz verde botella con vuelo a la altura de las rodillas. Unos salones de Jimmy Choo en color castaña y un bolso de piel de la firma Charlotte Elizabeth a tono completaban el look. Qué mona va esta chica siempre.

No sólo de princesa por sorpresa viste la Markle. Para visitar el castillo de Edimburgo en febrero, la hoy esposa del príncipe Harry de Reino Unido eligió el perfecto look para una ejecutiva que guste ir bien vestida. Las hay que prefieren ir como pingajos. El atuendo estaba formado por un abrigo de tartán (un guiño a la tierra que visitaba) en azul, cenizo y verde de Burberry que escondía un body negro de Worlford y que a penas dejaba intuir los pantalones anchos de Veronica Beard. En los pies calzaba unas botas ¡sorprendentemente de punta redonda! y sobre su hombro izquierdo colgaba -cruzando su pecho- hasta el lado diestro de su cintura un bolso nimio verde de Strathberry, la firma escocesa que fabrica en Ubrique (Cádiz).

A Meghan Markle aún no la hemos visto en ninguna cena de gala en el palacio de Buckingham, tiene lógica considerando que su esposo Harry está más lejos de suceder a su abuela Isabel II en el trono que Felipe Juan Froilán de todos los Santos a su tío Felipe VI, pero sí la hemos visto de largo. La última vez durante la ceremonia de entrega de los British Fashion Awards, donde apareció por sorpresa para galardonar a su amiga Clare Waight Keller, directora creativa de Givenchy, como mejor Diseñadora de Ropa Femenina Británica del Año. El último miembro de la familia real que acudió a esa ceremonia fue, la que hubiera sido su suegra, Diana de Gales cuando se inauguraron los premios en 1989. Para esta cita Meghan vistió una pieza de terciopelo negro de escote asimétrico, silueta columna y abertura en la falda. Las sandalias doradas de tiras de Tamara Mellon, a juego con las joyas de Pippa Small, aportaron luz a este conjunto de Givenchy. Meghan embarazadísima bajo el foco central del escenario parece una aparición mariana.

El quinto look, como no podía ser de otra manera, es su vestido nupcial. Un vestido que todo diseñador asume que le ha copiado Clare Wiaght Keller (como decíamos en el párrafo anterior comandante de Givenchy) dada su simpleza y sencillez, donde por otro lado reside su belleza. Siendo rigurosos, si a algún vestido de novia se parece el de Meghan Markle es al de la infanta Cristina, aquella pieza diseñada y confeccionado por Lorenzo Caprile en 1997.

El vestido de escote barco, manga francesa, cuerpo ceñido del que partía una falda en A y escueta cola estaba confeccionado en cadi de seda blanco. De la tiara Filigree de diamantes y platino de la reina Mary de Terck nacía el velo de tul de seda de cinco metros de largo en el que había bordadas 54 flores silvestres, una por cada país de la Commonwealth más una autóctona de California, de donde es oriunda Meghan. Completó el look con unos chatones y un brazalete de oro blanco y diamantes firmados por Cartier. Bajo su vestido unos salones blancos y un trozo de tela azul arrancado del vestido que llevaba durante su primera cita con el príncipe Harry. Un look al que no se le puede poner un pero.





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