A la top discordante de los 90 solo podemos darle las gracias por apearnos de las normas. Se llevó por delante varios binomios sagrados al dejar al sexy sin curvas y al punk sin negro.

La última década del siglo XX fue una gran fiesta de despedida gracias a ella. Con Kate, llegaron el grunge y el minimalismo, y se fueron la perfección y el maximalismo. Cindy, Claudia, Noemi y Linda continuaron siendo las top, pero ella alcanzó estatus de reina siendo una niña. Fue gracias a sus campañas con Calvin Klein, de modo que el repaso mental a su historia inevitablemente empieza con una bellísima Kate Moss en ropa interior que ya es imagen universal. Aquella desnudez ha ido cubriéndose con el paso de los años. “Si tuviera que destacar un rasgo del estilo Kate Moss sería la transición impecable con la que ha evolucionado a lo largo del tiempo. Ha seguido siendo ella y ha estado y está perfecta en todas sus edades“, asegura Julia Martínez, jefa de Estilistas de TELVA. Es cierto: ninguna moda la ha eclipsado, al contrario, ella ha conseguido absorberlas todas y seguir siendo genuina con 20, 30 y 40 años.

Primero se puso vestidos lenceros; el que se hizo transparente por obra y gracia de la luz de una fiesta de la agencia Elite en 1993; luego el slip dress blanco de seda y con cola, diseñado para ella por Galliano para su 21 cumpleaños y al que Moss se ha referido varias veces como “el vestido perfecto”; o el plateado, de malla, con el que conoció al príncipe Carlos de Inglaterra durante una gala benéfica en 1999.

Extremadamente delgada para la tendencia de la época, sus ojeras, su estructura ósea y su levedad inyectaron un virus estético que ha pasado a la historia con el nombre de heroin chic. Lo políticamente incorrecto, pendía de finos tirantes. como los que ella generalizó. Según Julia Martínez, “también se inventó los vaqueros grises que nadie más llevaba y fue la responsable de que el zapato plano, sobre todo las bailarinas, fueran la condensación del chic de los 90“. Reinventó looks festivaleros al estilo de Anita Pallenberg, la primera groupie de los años 60. Fue la época en la que la prensa se refería a ella como animal party. Con Pete Doherty en una mano y un pitillo en la otra, la vimos con maxi cinturones a la cadera, mini vestidos con shorts y las katiuskas Hunter embarradas que dejaron de ser un calzado decimonónico (empezaron a producirse en 1856) para convertirse en un calzado con el cool muy subido. Ella inauguró el idilio de las mujeres de todo el mundo con la mezcla: sedas y zapatillas, flores y navy, navy y leopardo, vaqueros con chaquetas tuxedo, sandalias y esos abrigos de piel tan personales, el patchwork…

Lo fou es a Kate Moss lo que el camp fue a Susan Sontag y, por supuesto, desde Annie Leibovitz hasta Mario Testino pasando por Meisel o Richardson, nadie se ha resistido a enfocarla con su objetivo. Kate Moss es historia de la moda y como tal ha dejado historias para la moda: en una muestra dedicada a la alta costura, la cantante Courtney Love pisó por accidente la cola del vintage de Christian Dior que llevaba y el vestido se rasgó. Kate arrancó la parte inferior de la prenda, se ató un nudo con el resto de la tela y transformó aquella joya dorada en una minifalda. Ocurrió en 2007, en el Victoria && Albert Museum. Lleve lo que lleve (o lo que acabe llevando) Kate siempre será la mejor vestida de la fiesta.





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